Estudiantes universitarios deben lidiar con fallas del transporte público

El 80 % de los autobuses y camionetas por puesto están fuera de funcionamiento, lo que constituye más de 240.00 unidades de transporte público están paralizadas en el país, según la organización gremial Transportes Unidos de Venezuela.

 

 

En la crisis de transporte público uno de los sectores más vulnerables son los estudiantes universitarios

Fuente: https://efectococuyo.com/ Isabella Reimí /Fotos Iván Reyes


 

En la crisis de transporte público uno de los sectores más vulnerables son los estudiantes universitarios, quienes deben llegar a sus casas de estudio a tiempo, muchas veces sin contar con el dinero suficiente que les alcance como para elegir taxis y cumplir con sus obligaciones académicas. Mientras tanto, el Estado tampoco es subsidiario de los pasajes universitarios.

José Rodríguez vive en Catia. Dispone de varias rutas para retardarse lo menos posible de camino a la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), donde estudia.
Baja en autobús a la avenida Pérez Bonalde, donde toma otra unidad a Artigas y después sigue en Metro a la estación Antímano. También desde Plaza Sucre podría tomar un autobús a Capitolio y de allí otro a Antímano. De regreso toma un autobús desde Antímano que lo deja en la estación de Metro Capitolio y sigue a Plaza Sucre, donde toma otra unidad a su casa.
En “tiempo récord” puede tardar 45 minutos si hace eso, lo mismo que tardaba cuando tomaba el metro hace cuatro años. Hoy en día, sin retrasos, el metro se tardaría una hora y 20 minutos en llevarlo a la Ucab.
“Tomar el autobús es más rápido. Pero necesitaría siete mil bolívares diarios y muchas veces solo puedo sacar 20 mil semanal de la taquilla” dijo el estudiante.
Un año atrás renunció a una pasantía en Altamira porque perdía una hora viajando en el metro después de clases, y no podía cumplir su horario. Hoy en día es pasante, en una empresa muy cercana, donde asiste un día a la semana. Sin embargo, el Metro se tarda media hora más en trasladarlo. “Es insólito la cantidad de tiempo que inviertes para llegar de un lugar a otro”, se quejó.
transporte público
Pide cola
Migdalvis Navarro vive en San Augustín, a 11 kilómetros de la Ucab, donde estudia cuarto año de derecho. Si tuviera carro tardaría al menos unos 30 minutos en llegar a la universidad, pero le toma incluso dos horas en el sistema metro, casi lo mismo que tardaría a pie.
“Es frustrante salir de la casa a las 8:00 am para llegar a un examen a las 10:00 de la mañana, y de igual modo llegar tarde”, dijo.
No puede irse todos los días en el autobús, que hace la ruta de Parque Central a Antímano. Para hacerlo debería pagar 15.000 bolívares semanales y no trabaja para ganarlos.
Desde el 2016 el Estado no financia el “pasaje estudiantil” según dijo Transportes Unidos de Venezuela. Antes los estudiantes compraban un ticket de estudiantes por el 30% del costo del pasaje, o presentaban directamente el carnet en la unidad. El Estado, que debía subsidiar el otro 70% dejó de hacerlo en octubre del 2016, por lo cual, trabaje o no, los estudiantes como Navarro pagan lo mismo que cualquier pasajero.
De regreso opta por tomar “el pide cola”. Esta es una iniciativa estudiantil que la Ucab implementa en la salida de su estacionamiento. Los estudiantes indican su destino con un cartel, donde los recogen estudiantes  profesores que tienen carro y se dirigen a esos lugares. El lema popular de esta parada es “cualquier cosa menos el metro”. El tiempo de espera depende de su suerte, pero con la garantía de que de cualquier forma se trasladarán sentados.
Hasta el 21 de noviembre los estudiantes becados por el estado venezolano a penas recibían 700 bolívares. Después de la marcha estudiantil el pasado jueves, Nicolás Maduro prometió aumentar la cuota a 75 mil bolívares, con lo cual en muchos casos los estudiantes apenas completarían para pagar el pasaje.
Todos llegan tarde a clases
Jean Méndez y Yuliza Jajoy dicen que llegar a su clase de las 7:00 en la Unefa es imposible. Yuliza vive en Los Teques y el autobús tarda una hora y 40 minutos de trayecto a Caracas. Desde Plaza Venezuela debe tomar el metro hasta Chacao y caminar hacia su universidad. Agarra el autobús de 5:00 am a 7:00 am, incluso los días en los que tiene clases en la tarde, porque “luego es muy difícil”.
Desde Artigas, Jean se tarda en el vagón entre 40 minutos y hora y media dependiendo de si hay retrasos, pero solo en espera del tren ya se le van 30 minutos. Por eso segura que casi todos llegan a la clase de las 7:00 a las 8:30 am.
De regreso, Yuliza hace una cola kilométrica y, después de una harta espera, el autobús tarda dos horas en subir. Jean se tarda una hora. Llegan a sus casas a bañarse y a dormir, agotados de la jornada.
“El otro día salimos a las 5:30 pm y empezó a llover. Me fui de Plaza Venezuela a las 8:00 pm”, relató Yuliza.
Transporte público
No todos tienen autobús
A esta odisea que pasan los estudiantes, se debe agregar la escasez de transporte dentro de las universidades, un servicio que por muchos años funcionó en las casas de estudio, pero con la crisis y el poco presupuesto que da el Estado a las universidades autónomas, las flotas se redujeron dramáticamente.
De acuerdo con el rector de la Universidad Simón Bolívar (USB), Enrique Planchar, la institución está en su peor “crisis de transporte de la historia”. En el caso de la USB, no hay transporte público que tenga por ruta la sede de Sartenejas.  En agosto la USB empezó a recaudar dinero para poder recuperar 20 de sus 34 unidades de transporte sin depender del Estado. También en la Universidad de Carabobo (UC) donde funcionaban 162 “iguanas”, sus autobuses, ahora solo están operativas cuatro, según reveló la rectora Jessi Divo.
Tarde y lleno
María  Romero dejó de usar el transporte público desde que se eliminó la ruta de Cumbres de Curumo a Ciudad Universitaria. Antes el autobús la dejaba frente a su universidad, ahora le pide a sus padres que la lleven. Si quisiera usar el transporte público tendría que tomar el autobús a Chacaíto y luego el metro, pero dice que “tardaría demasiado tiempo” y es “menos constante”.
En la parada de la línea de Chacaíto en la ruta hacia el municipio Baruta la queja que se escucha entre los usuarios es que los autobuses quieren “llenarse de gente hasta al tope para poder salir” o “agotarle la paciencia a uno para después cobrarle más y que uno no se queje”, y que “no se justifica la cola para tantas unidades”.
La línea a Baruta tiene 42 autobuses de acuerdo al fiscal, la mitad de los que tenían originalmente, ya que muchos conductores abandonaron la ruta o migraron también. Cinco de sus autobuses “activos” están accidentados actualmente por falta de repuestos.
“Ya la cosa no está para que el autobús se regrese vacío”, dijo el fiscal.
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