Expulsión de cerebros: universidad venezolana pierde 43% de sus docentes de relevo

Los profesores Audy Salcedo y Ramón Uzcátegui advierten una pérdida importante del talento en la universidad venezolana. En la investigación Docentes universitarios migrantes: una mirada cuantitativa a un problema cualitativo hallaron que menos de un tercio de los 373 profesores encuestados trabaja ahora en docencia universitaria en los países receptores, pero señalan que sus condiciones de vida son mejores que las que tenían al momento de emigrar

 

Mayoría de los profesores migrantes proceden de la Universidad Central de Venezuela. Foto cortesía Antonio Heras

 

 

  Fuente: https://elpitazo.net


Convertido en el segundo país expulsor de población del planeta, de acuerdo con cifras de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Venezuela sufre también hoy el impacto de la migración forzosa en el ámbito académico.

La investigación titulada Docentes universitarios migrantes: una mirada cuantitativa a un problema cualitativo, realizada por los profesores Audy Salcedo, de la Universidad Central de Venezuela (UCV), y Ramón Alexander Uzcátegui Pacheco, de la Universidad Andrés Bello de Chile, describe una realidad tan devastadora como inquietante dentro de la universidad venezolana: 43% del personal docente de relevo (Instructor y Asistente) ha abandonado las aulas de clases.

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Aún más: también emigró parte del cuerpo de profesores llamados a formar esa generación de relevo de las universidades venezolanas. “Se trata del grupo que estaba en el escalafón Titular (28%), con maestría y doctorado, llamado a ayudar en la formación de los jóvenes talentosos que inicien la carrera académica en las universidades y hacen estudios de postgrado”, destacan Salcedo y Uzcátegui.

Ambos investigadores dejan en claro que se trata de una primera aproximación a las características de estos docentes migrantes, a los que incluyen dentro de la categoría migración intelectual forzada, pues se han visto en la necesidad de salir de su país de origen y modificar su profesión.

Impacto negativo

Asimismo, Salcedo y Uzcátegui anticipan un impacto negativo en el futuro de la universidad venezolana: “Aunque en Venezuela quedan docentes resilientes, que defienden la universidad de los embates del régimen en pro de la formación de recursos humanos especializados, no hay duda que la salida de los profesionales que conforman la muestra estudiada deja a la universidad venezolana en muy malas condiciones para enfrentar los retos que se le avecinan; aunque se produzca un cambio a corto plazo en la política del Estado respecto a las universidades”, refieren.

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Y es que la investigación revela que 78% de los profesores encuestados tenían al menos el título de Magister, casi la mitad tenían en su hoja de vida la condición de Doctor, con líneas de investigación activas en su universidad al momento de emigrar.

“La salida del país de este grupo significa una merma significativa en años de formación que invirtió la universidad venezolana, con efectos negativos en los estudiantes y en el cuerpo docente de menor formación y escalafón, de los cuales fungirían como formadores”, se lee en el documento.

Para la investigación fueron entrevistados 373 profesores universitarios, de los cuales 299 decidieron irse de Venezuela entre 2015 y 2018, año que, advierten Salcedo y Uzcátegui, coincide con el agravamiento de la crisis universitaria.

Razones políticas, económicas y de inseguridad esgrimieron los profesores encuestados para emigrar, señalando como cuarta razón su situación laboral en la universidad, “claro está, fuertemente condicionada por las variables anteriores”, añade la investigación.

Descapitalización de las universidades venezolanas

El estudio arroja además que son, en su mayoría, docentes universitarios en edad activa. Es decir, que están en plena edad para el desarrollo de su carrera académica, pues 68,6% manifestó tener 55 años o menos. Proceden de más de 14 universidades, la mayoría de ellas del sector público (89%), en su mayoría de la Universidad Central de Venezuela (42,1%).

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El artículo publicado en Vivat Academia. Revista de Comunicación lanza otro alerta: la mayoría (54,4%) de los encuestados indicó que eran docentes a dedicación exclusiva (dedicaban 40 horas semanales a la universidad) y 20,1% manifestaron tener una dedicación a Tiempo Completo, lo que significa que más de 74% de los profesores que emigraron dedicaban al menos 36 horas semanales a la universidad.

“Eso significa una pérdida de más de 10.000 horas semanales de actividades entre los docentes de esas dos dedicaciones. Una descapitalización importante de las universidades venezolanas en relación al cuerpo docente de planta a máxima dedicación, conforme las condiciones reglamentarias establecidas en la materia”, destacan los investigadores.

Una vida mejor aunque ya no como profesor

¿A dónde decidieron irse los profesores universitarios? La mayoría del grupo estudiado por Salcedo y Uzcátegui emigró a España, Ecuador, Chile, Colombia, Estados Unidos y Argentina. El artículo Docentes universitarios migrantes: una mirada cuantitativa a un problema cualitativo apunta también que 226 de 373 profesores encuestados señalaron que no trabajan en actividades académicas universitarias en los países de acogida.

“Indistintamente de si trabaja o no como profesor universitario, la mayoría opina que su situación de vida es mejor o mucho mejor al compararla con la que tenía al momento de salir de Venezuela”, subraya el documento.

Pérdida en docencia e investigación

Salcedo y Uzcátegui concluyen, con base en los resultados de la investigación, que la universidad venezolana sufre una pérdida importante de su talento, sobre todo porque quienes han decidido irse son parte de la generación del personal docente que, afirman, debía asumir mayores responsabilidades en los próximos 10 o 15 años.

“Tanto en formación, como por los años de experiencia y tiempo de servicio que le faltaba para optar a la jubilación, este grupo es una pérdida significativa para la universidad venezolana en docencia e investigación (…) Seguramente todos serán reemplazados por jóvenes talentosos, con ganas de trabajar, pero que daría los primeros pasos en la carrera académica; por lo cual deben cumplir su ciclo de formación. Deben hacer estudios de postgrado, sin incentivos económicos, en un país con hiperinflación y con un sueldo que no le alcanza para cubrir ni siquiera la canasta alimentaria”, indica el artículo.

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