La meta de obtener un título universitario en Venezuela dejó de ser un camino lineal para convertirse en una carrera de obstáculos económicos
Fuente: Noticia Al Día / Arelys Munda
La meta de obtener un título universitario en Venezuela dejó de ser un camino lineal para convertirse en una carrera de obstáculos económicos. En un recorrido realizado por las calles de Maracaibo y los pasillos de la Universidad del Zulia (LUZ), se evidencia una realidad latente: la juventud ya no solo estudia para asegurar un futuro, sino que trabaja forzosamente para costear su presente académico.
El alto costo de la vida transforma la dinámica del estudiante zuliano. Casos como el de Valeri Pérez, cursante de Orientación en la Facultad de Humanidades y Educación de LUZ, ilustran esta presión. Para Valeri, el empleo no es un lujo, sino una necesidad de supervivencia familiar.
Siendo la mayor de sus hermanos y viviendo con su abuela pensionada y su madre docente, se enfrenta diariamente a la disyuntiva de ¿a qué darle prioridad? Pese a la carga de ser el sostén de su hogar, persiste en las aulas de clases para no abandonar su vocación.
La meta de obtener un título universitario en Venezuela dejó de ser un camino lineal para convertirse en una carrera de obstáculos económicos. En un recorrido realizado por las calles de Maracaibo y los pasillos de la Universidad del Zulia (LUZ), se evidencia una realidad latente: la juventud ya no solo estudia para asegurar un futuro, sino que trabaja forzosamente para costear su presente académico.
El alto costo de la vida transforma la dinámica del estudiante zuliano. Casos como el de Valeri Pérez, cursante de Orientación en la Facultad de Humanidades y Educación de LUZ, ilustran esta presión. Para Valeri, el empleo no es un lujo, sino una necesidad de supervivencia familiar.
Siendo la mayor de sus hermanos y viviendo con su abuela pensionada y su madre docente, se enfrenta diariamente a la disyuntiva de ¿a qué darle prioridad? Pese a la carga de ser el sostén de su hogar, persiste en las aulas de clases para no abandonar su vocación.
Esta inversión de roles es compartida por Jhonmari Baquero, estudiante de Idiomas Modernos y profesora de inglés en un liceo. Jhonmari reconoce una verdad incómoda: «Debería ser todo lo contrario: estudiar primero para después trabajar, pero es imposible». Su salario es el que permite que su formación no se detenga.
Entre la determinación y la renuncia
Mientras algunos ven en el binomio estudio-trabajo la base para surgir y cumplir metas a largo plazo, otros se han visto obligados a pausar sus sueños. Glendys Suárez, de 19 años, es ejemplo de esta cara amarga; factores externos y económicos la forzaron a abandonar su carrera de Derecho, con la esperanza incierta de retomarla en el futuro.
La situación se repite en diversas áreas; Dubraska, una estudiante de Enfermería, trabaja para costear una carrera que, aunque no es de las más costosas, exige gastos logísticos que el presupuesto familiar no alcanza a cubrir. Por otro lado, jóvenes como Kerluis han tenido que priorizar el factor económico sobre el geográfico; tras dejar sus estudios de Fisioterapia en Yaracuy para trabajar, hoy aspira a una nueva oportunidad en Maracaibo para estudiar Idiomas Modernos.
Aunque estas historias se recogen en el corazón del Zulia, reflejan un sentimiento nacional. Miles de familias venezolanas se ven identificadas en este sacrificio generacional, donde los libros y las jornadas laborales se mezclan en una lucha por la superación.
A pesar de ello, la juventud marabina sigue en la calle, no solo trabajando por un sueldo, sino resistiendo para que sus metas profesionales no se conviertan en otra estadística de deserción.